“ENAMORADOS”
Aún recuerdo la primera vez que me sentí
enamorado. Para ello me remontare a la edad de cinco o seis años
aproximadamente.
En verdad era amor, no el mismo sentimiento
que hacia tus padres o hermanos, era otra sensación, más bien anestésica, cuya
reacción adormecía los sentidos, haciendo aflorar la parte más tierna del ser
humano al punto de rozar la tontura.
Normalmente los niños nos divertíamos
corriendo detrás de una pelota, intentando imitar a los futbolistas de la
época, pero bastaba solamente la invitación de mi vecina Rocío a jugar a las
casitas, para dejar a mis amigos y sin pensarlo dos veces ir con ella.
Sentía una atracción especial, y ese juego me
transportaba al mundo de los mayores. Ella cocinaba, yo iba al trabajo y cuando
regresaba, tenía preparada la comida. Unos trozos de hierbas picadas y algunas
piedras, constituían un manjar imaginario digno de una excelente ama de casa.
Nos podíamos llevar varias horas juntos
alternando juegos, risas, carreras… Y creo recordar que nunca llegamos a
enfadarnos. Era un amor perfecto, por lo menos así lo sentía yo.
Lo mejor de enamorarse con esa edad, era la
pureza de sentimientos, la ingenuidad de reflejos y la virginidad de
pensamientos, ya que con esos años ni en el vocabulario ni en la mente existían
la palabra sexo. Simplemente con estar a su lado, oler su cabello, reír cuando
ella reía y jugar a todas horas juntos. Yo me sentía feliz.
Conforme pasan los años, vamos creciendo en
muchos aspectos y eso lo complica todo.
Dejamos de ser puros para arroparnos bajo el
manto de la mentira, pasamos de la ingenuidad a ser picaros en un abrir y
cerrar de ojos, por lo tanto, la virginidad de pensamiento deja de existir
convirtiéndose la palabra sexo, tanto en nuestro vocabulario como en nuestra
mente, en el principal objetivo.
Con esto no quiero decir que este bien o mal,
simplemente es otro escalón en el camino. Y como seguimos evolucionando, no
olvidemos nunca la primera vez que fuimos tocados por los filamentos del amor,
de aquel atontamiento transitorio de nuestra niñez como fue enamorarse, en un
estado puro rozando la perfección, para que nos sirva de ejemplo a seguir.
José
Manuel Gandullo Nieto.
27 de
abril de 2012.