miércoles, 13 de junio de 2012


“ENAMORADOS”
Aún recuerdo la primera vez que me sentí enamorado. Para ello me remontare a la edad de cinco o seis años aproximadamente.
En verdad era amor, no el mismo sentimiento que hacia tus padres o hermanos, era otra sensación, más bien anestésica, cuya reacción adormecía los sentidos, haciendo aflorar la parte más tierna del ser humano al punto de rozar la tontura.
Normalmente los niños nos divertíamos corriendo detrás de una pelota,  intentando imitar a los futbolistas de la época, pero bastaba solamente la invitación de mi vecina Rocío a jugar a las casitas, para dejar a mis amigos y sin pensarlo dos veces ir con ella.
Sentía una atracción especial, y ese juego me transportaba al mundo de los mayores. Ella cocinaba, yo iba al trabajo y cuando regresaba, tenía preparada la comida. Unos trozos de hierbas picadas y algunas piedras, constituían un manjar imaginario digno de una excelente ama de casa.
Nos podíamos llevar varias horas juntos alternando juegos, risas, carreras… Y creo recordar que nunca llegamos a enfadarnos. Era un amor perfecto, por lo menos así lo sentía yo.
Lo mejor de enamorarse con esa edad, era la pureza de sentimientos, la ingenuidad de reflejos y la virginidad de pensamientos, ya que con esos años ni en el vocabulario ni en la mente existían la palabra sexo. Simplemente con estar a su lado, oler su cabello, reír cuando ella reía y jugar a todas horas juntos. Yo me sentía feliz.
Conforme pasan los años, vamos creciendo en muchos aspectos y eso lo complica todo.
Dejamos de ser puros para arroparnos bajo el manto de la mentira, pasamos de la ingenuidad a ser picaros en un abrir y cerrar de ojos, por lo tanto, la virginidad de pensamiento deja de existir convirtiéndose la palabra sexo, tanto en nuestro vocabulario como en nuestra mente, en el principal objetivo.
Con esto no quiero decir que este bien o mal, simplemente es otro escalón en el camino. Y como seguimos evolucionando, no olvidemos nunca la primera vez que fuimos tocados por los filamentos del amor, de aquel atontamiento transitorio de nuestra niñez como fue enamorarse, en un estado puro rozando la perfección, para que nos sirva de ejemplo a seguir.  



José Manuel Gandullo Nieto.
27 de abril de 2012.