VEINTICINCO
DE DICIEMBRE.
Un amanecer más. Pero no uno cualquiera, éste es especial.
Veinticinco de Diciembre.
Subo las escaleras del porche de casa y antes de abrir la
puerta me giro para contemplar como sale el sol. Sus primeros rayos empiezan a iluminar
mi rostro haciendo brillar algunas gotas de sudor que aún corretean mis
mejillas para ocultarse en mi espesa barba.
Ha sido una noche dura, como todos los años mi cometido se
ha cumplido a tiempo, no podía ser menos, es lo que todos esperan de mí. Esta
madrugada he dejado a mi familia a un lado para dedicarme al resto de familias
esperanzadas por mi presencia. Ellos duermen mientras mis colaboradores y yo
recorremos todo el pueblo, calle por calle, intentando de hacer el menor ruido
posible para pasar desapercibidos.
La mayor recompensa para mí, son las sonrisas que me dedican
al ver que ya he pasado cerca de todos y como siempre he cumplido con mi deber.
Bueno creo que ya es hora de quitarme la ropa de trabajo,
darme una buena ducha y dedicarme a los míos. Por cierto soy Paco, el encargado
de recoger la basura del pueblo. Sin más os deseo felices fiestas en nombre de
mis ayudantes y en el mío.
Estas letras van dedicadas a todas esas personas, para que
nos hagamos eco de la labor tan especial que realizan, también en unas fechas
tan señaladas.
Este que os escribe os desea de todo corazón
feliz navidad.