viernes, 14 de diciembre de 2012


VEINTICINCO DE DICIEMBRE.
Un amanecer más. Pero no uno cualquiera, éste es especial. Veinticinco de Diciembre.
Subo las escaleras del porche de casa y antes de abrir la puerta me giro para contemplar como sale el sol. Sus primeros rayos empiezan a iluminar mi rostro haciendo brillar algunas gotas de sudor que aún corretean mis mejillas para ocultarse en mi espesa barba.
Ha sido una noche dura, como todos los años mi cometido se ha cumplido a tiempo, no podía ser menos, es lo que todos esperan de mí. Esta madrugada he dejado a mi familia a un lado para dedicarme al resto de familias esperanzadas por mi presencia. Ellos duermen mientras mis colaboradores y yo recorremos todo el pueblo, calle por calle, intentando de hacer el menor ruido posible para pasar desapercibidos.
La mayor recompensa para mí, son las sonrisas que me dedican al ver que ya he pasado cerca de todos y como siempre he cumplido con mi deber.
Bueno creo que ya es hora de quitarme la ropa de trabajo, darme una buena ducha y dedicarme a los míos. Por cierto soy Paco, el encargado de recoger la basura del pueblo. Sin más os deseo felices fiestas en nombre de mis ayudantes y en el mío.
Estas letras van dedicadas a todas esas personas, para que nos hagamos eco de la labor tan especial que realizan, también en unas fechas tan señaladas.
  Este que os escribe os desea de todo corazón feliz navidad.

martes, 2 de octubre de 2012


“LAGRIMAS AGENAS”
La mayoría de las veces rozamos el dolor ajeno, dando gracias a la fortuna por habernos esquivado y continuamos con nuestras vidas, sin dar más importancia a los acontecimientos que se han instalado en otro camino que no es el nuestro.
Seguramente os habréis visto alguna vez en una circunstancia parecida. Precisamente hoy he vivido en primera persona una experiencia, de las que hace llorar al corazón.
Desde bien temprano acudimos al hospital mi mujer, mi hijo y yo, ya que intervienen quirúrgicamente a nuestro jovencito. Lo estuvimos acompañando todo el tiempo hasta llegar a las puertas de quirófano, a partir de ahí, tenía que hacer el resto del recorrido él solo. Y ahora a esperar, como varios padres que ya se encontraban allí y otros que iban llegando.  
Los segundos parecían minutos y los minutos, horas. Por más que miraba las manecillas de un viejo reloj de aquella habitación, el caprichoso tiempo parecía ralentizarlas, burlándose de mí y haciendo la espera larga e interminable.
De vez en cuando salía un cirujano, para comunicarles a los padres del niño intervenido, el éxito de la operación. En sus rostros se iluminaba progresivamente la felicidad, aparcando a un lado la preocupación e incertidumbre que habían pasado.
Poco a poco la sala de espera a las puertas de quirófano, se iba desalojando, ya solo quedábamos cuatro parejas deseando de tener noticias de nuestros hijos. Espectantes a la salida del médico,  todos mirábamos al mismo punto, una pequeña rendija entre las dos puertas abatibles que apenas se veía el interior y que al oscurecerse significaba la proximidad de un cirujano  a punto de salir por ellas. Volvieron a abrirse de nuevo, esta vez el señor del bisturí llamo a los padres del fondo. Al termino de la conversación, un desesperante grito de dolor por parte de la madre, hizo que las pocas personas allí presentes, volviéramos la mirada hacia ella. La mujer abrazo a su marido con tal intensidad que se fundieron en una sola figura. Su llanto entrecortado por sollozos no solo recorrió  la habitación. Los sentimientos de los demás padres se trastocaron ante la escena vivida. Las lágrimas acudieron a los ojos de todos y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo telepáticamente, casi al unísono, nos fuimos acercando al matrimonio, rodeándolos para darle ánimos, cariño, comprensión… Esa gran carga negativa  de la mala noticia descansaba ahora sobre  mas pilares, compartiendo así sentimientos agenos. Empezamos la  espera cada pareja en lados opuestos y tuvo que acudir la señora desgracia para hacer que nos uniéramos, viviendo todos en compañía de extraños, la reacción producida por las malas noticias.
Así es como tenia que haber pasado y es como sucedió excepto el desenlace. Esa mala noticia para los padres del fondo y el llanto desesperado y atormentado de la madre, nos conmovió a todos los presentes, pero la realidad fue otra. Todos tragamos saliva y contuvimos las lagrimas y desde luego reprimimos el deseo de acompañarles en tan malas circunstancias, teniendo en mente única y exclusivamente el deseo de no correr la misma suerte que estaban experimentando ellos. En el fondo de nuestros corazones aplacamos la necesidad de liberarnos y acompañar al necesitado en esos momentos tan delicados, aunque sean desconocidos. Unas palabras de aliento, un abrazo, simplemente estar, ya es mucho. Sin embargo nos queda dar ese paso. Las ganas al igual que la indecisión ya las tenemos.

miércoles, 25 de julio de 2012

"AL DÍA SIGUIENTE"


Suena la alarma del reloj. Son las siete de la mañana. Paco, un fornido hombre del norte, se levanta temprano como todos los días para ir al trabajo.
Tras unos segundos, sentado en el borde de la cama, se pone sus viejas zapatillas de estar por casa y se dirige al cuarto de baño.
Se centra frente al espejo y apoyándose en el lavabo con los dos brazos, toma aire haciendo concentrar toda la presión en su parte baja del vientre, provocando que todos los gases retenidos durante la noche sean expulsados al exterior. Suena un pedo descomunal semejante al trueno de una tormenta rabiosa.

Desde la habitación contigua, se escucha la voz de su esposa con acento andaluz diciéndole:

- Paco, cualquier día te van a tener que coger puntos de sutura, “hijo de mi alma”.

Paco sonríe y sigue con su aseo matutino. A los cinco minutos le pregunta su mujer:
 -¿Dónde vas tan temprano?
 –Donde voy a ir, al trabajo.
-¿Al trabajo?  Cariño no te acuerdas que ayer  firmaste los papeles de la jubilación.

Cuando Paco escuchó esta última frase dicha por Maru, su esposa, le cambio el semblante por completo. Su rostro se  asemejaba más a la fachada de una casa en ruinas que a la de aquel hombre olvidadizo en su primer día de jubilado.

Tras unos segundos ausente, se dirigió a Maru y le pregunto:
 - ¿Y ahora que voy a hacer en todo el día?

Por suerte para su mujer y desgraciadamente para Paco, Maru ya le tenía preparada una lista de tareas que de seguro no se iba a aburrir. Ella lo miró y con su graciosa y peculiar forma de hablar tan zalamera le dijo:
 -De momento ve preparando el desayuno y luego al súper a comprar cuatro cosillas.
-¿Yo al súper? Dijo Paco.
-Claro, tú y yo. Los dos. Al súper.

Paco bajó la cabeza,  mientras se dirigía hacia la cocina iba pensando en la que se le avecinaba.
 Él no estaba acostumbrado a estar tantas horas junto a su esposa y menos siendo su escudero como se veía venir.
En esos momentos se encontraba en un estado de meditación con tintes de enajenación y ofuscación tan grande, que en la primera remesa de tostadas se les quemaron todas y en la segunda quedaron  algo morenitas.

Pocos minutos después de haber desayunado, se presentó su mujer en la cocina, súper maquillada. Paco la miró de arriba abajo y le dijo:
-¿Qué vamos de fiesta?
 -¡Que gracioso! ¿No te gusta cómo voy? – Dijo Maru con una risa picarona.
-Sí, cariño si, vas muy guapa.

Mientras  iban saliendo por la puerta de su casa, Paco solo sabía decir para sí mismo:
-Toda mi vida esperando a jubilarme para no escuchar las ordenes de mi jefe y así poder relajarme de tanta tensión y lo único que he hecho ha sido cambiar de empresa, ahora tengo una jefa y en mi primer día de mi nuevo trabajo, ya me tiene de los nervios.

miércoles, 13 de junio de 2012


“ENAMORADOS”
Aún recuerdo la primera vez que me sentí enamorado. Para ello me remontare a la edad de cinco o seis años aproximadamente.
En verdad era amor, no el mismo sentimiento que hacia tus padres o hermanos, era otra sensación, más bien anestésica, cuya reacción adormecía los sentidos, haciendo aflorar la parte más tierna del ser humano al punto de rozar la tontura.
Normalmente los niños nos divertíamos corriendo detrás de una pelota,  intentando imitar a los futbolistas de la época, pero bastaba solamente la invitación de mi vecina Rocío a jugar a las casitas, para dejar a mis amigos y sin pensarlo dos veces ir con ella.
Sentía una atracción especial, y ese juego me transportaba al mundo de los mayores. Ella cocinaba, yo iba al trabajo y cuando regresaba, tenía preparada la comida. Unos trozos de hierbas picadas y algunas piedras, constituían un manjar imaginario digno de una excelente ama de casa.
Nos podíamos llevar varias horas juntos alternando juegos, risas, carreras… Y creo recordar que nunca llegamos a enfadarnos. Era un amor perfecto, por lo menos así lo sentía yo.
Lo mejor de enamorarse con esa edad, era la pureza de sentimientos, la ingenuidad de reflejos y la virginidad de pensamientos, ya que con esos años ni en el vocabulario ni en la mente existían la palabra sexo. Simplemente con estar a su lado, oler su cabello, reír cuando ella reía y jugar a todas horas juntos. Yo me sentía feliz.
Conforme pasan los años, vamos creciendo en muchos aspectos y eso lo complica todo.
Dejamos de ser puros para arroparnos bajo el manto de la mentira, pasamos de la ingenuidad a ser picaros en un abrir y cerrar de ojos, por lo tanto, la virginidad de pensamiento deja de existir convirtiéndose la palabra sexo, tanto en nuestro vocabulario como en nuestra mente, en el principal objetivo.
Con esto no quiero decir que este bien o mal, simplemente es otro escalón en el camino. Y como seguimos evolucionando, no olvidemos nunca la primera vez que fuimos tocados por los filamentos del amor, de aquel atontamiento transitorio de nuestra niñez como fue enamorarse, en un estado puro rozando la perfección, para que nos sirva de ejemplo a seguir.  



José Manuel Gandullo Nieto.
27 de abril de 2012.

sábado, 5 de mayo de 2012


“Únicamente, tú”

Una mano cálida, me despierta. Todas las mañanas lo estoy esperando.
Me duermo, con la certeza de saber que esa mano, arrugada por el tiempo, no permitirá que las sábanas me secuestren. Mano responsable.
No sólo sufre lo suyo, volcada antes en los asuntos de los más próximos.
Retornó a las enseñanzas adquiridas, en tiempos donde otra mano arrugada, velaba por ella.
A ti madre… Aún no estando: estás.

jueves, 19 de abril de 2012


ASCENSOR INTELIGENTE
–Bienvenido. Indique la planta a la que desea ir.
Esta frase hecha, la digo cada vez que transporto a una persona. Soy un ascensor de última  generación. Me consideran el más moderno y sofisticado del mercado. Poseo grandes ventanales con vistas al exterior, una buena iluminación y un mecanismo de altavoces y micros por los cuales me puedo comunicar. En el panel de control, solo tengo un botón para emergencias, puesto que me han fabricado con inteligencia, puedo escuchar y hablar. Eso sí, no logro comprender una cosa, ascensor es una palabra masculina, como así me siento. ¿Por qué me habrán diseñado con una sensual voz femenina? Es curioso, cada vez que hablo me siento atraído por mi misma voz. Al igual que un señor, a quien he intentado transportar hoy.
Abro la puerta, le doy la bienvenida y le pregunto a que planta quiere ir. Al escuchar la forma tan sexi que poseo a la hora de articular las palabras, el pobre hombre se quedo sin habla. Empezó a sudar, sus ojos se abrieron casi al punto de desprenderse de su cara y empezó a hacer unos movimientos raros con las manos mirando a la cámara que tengo arriba, en la esquina de la izquierda. Tras uno instantes sin respuesta por su parte, volví a preguntarle de nuevo a que planta quería ir.  Sus movimientos de manos se volvieron más enérgicos, sin embargo, mi voz lo había cautivado de tal forma, que seguía sin poder hablar.
Tras unos minutos, se dirigió al panel de control y empezó a pulsar el timbre de alarma. Al principio de forma constante, después sentí que iba a atravesar el pulsador con su dedo, de la potencia que imprimía sobre el botón.
Se volvió de nuevo hacia la cámara y empezó una nueva tanda de movimientos de manos, pero esta vez me parecían desesperantes.
Yo no podía comprender la acción que se estaba desarrollando. A mi también me gustaba mi voz, pero no tanto como para perder el habla. En ese mismo instante llame a seguridad. Como soy inteligente, creí oportuno hacerlo. Acudieron inmediatamente, abrí las puertas y el pobre hombre  se arrojo a los brazos de uno de ellos, su boca intentaba formar palabras, pero de ella no salía nada mas que aire y sus manos seguían con esos movimientos tan peculiares. El vigilante mientras que intentaba separarlo de su cuerpo, le dijo gritando: ya ha pasado todo. Y su compañero, no pudo callárselo y le replico: para que le gritas, no ves que es sordo-mudo.
Entonces lo comprendí todo. Y pensar que había enmudecido por mi sensual voz, no solo me equivoqué en eso, además era extranjero.
Creo que tardara en reponerse algo más que yo.

domingo, 15 de abril de 2012


DE FETO A BEBÉ

Siendo aun del tamaño de un botón, su protectora ya lo quería. Muchas noches mientras dormía, le asaltaban las dudas de cómo sería.
El sonido de su corazón cada vez se hace más fuerte, unas veces descompasados, otras al mismo son. Arropado por la matriz de la vida, empieza a moverse observando su alrededor. En el amniótico liquido, elixir de su sustento, va creciendo por momentos, haciéndose cada vez mayor.
Su mundo se le hace pequeño, su espíritu de explorador, con ansia espera la riada que lo saque al exterior. Cruza la catarata, cortina de agua pasada, al otro lado unas manos dan cachetes con amor, para que el llanto de alegría conecte su corazón a la mujer que descansa tendida, a la madre que lo parió.
Fusión al primer abrazo, unidos por siempre los dos.