martes, 2 de octubre de 2012


“LAGRIMAS AGENAS”
La mayoría de las veces rozamos el dolor ajeno, dando gracias a la fortuna por habernos esquivado y continuamos con nuestras vidas, sin dar más importancia a los acontecimientos que se han instalado en otro camino que no es el nuestro.
Seguramente os habréis visto alguna vez en una circunstancia parecida. Precisamente hoy he vivido en primera persona una experiencia, de las que hace llorar al corazón.
Desde bien temprano acudimos al hospital mi mujer, mi hijo y yo, ya que intervienen quirúrgicamente a nuestro jovencito. Lo estuvimos acompañando todo el tiempo hasta llegar a las puertas de quirófano, a partir de ahí, tenía que hacer el resto del recorrido él solo. Y ahora a esperar, como varios padres que ya se encontraban allí y otros que iban llegando.  
Los segundos parecían minutos y los minutos, horas. Por más que miraba las manecillas de un viejo reloj de aquella habitación, el caprichoso tiempo parecía ralentizarlas, burlándose de mí y haciendo la espera larga e interminable.
De vez en cuando salía un cirujano, para comunicarles a los padres del niño intervenido, el éxito de la operación. En sus rostros se iluminaba progresivamente la felicidad, aparcando a un lado la preocupación e incertidumbre que habían pasado.
Poco a poco la sala de espera a las puertas de quirófano, se iba desalojando, ya solo quedábamos cuatro parejas deseando de tener noticias de nuestros hijos. Espectantes a la salida del médico,  todos mirábamos al mismo punto, una pequeña rendija entre las dos puertas abatibles que apenas se veía el interior y que al oscurecerse significaba la proximidad de un cirujano  a punto de salir por ellas. Volvieron a abrirse de nuevo, esta vez el señor del bisturí llamo a los padres del fondo. Al termino de la conversación, un desesperante grito de dolor por parte de la madre, hizo que las pocas personas allí presentes, volviéramos la mirada hacia ella. La mujer abrazo a su marido con tal intensidad que se fundieron en una sola figura. Su llanto entrecortado por sollozos no solo recorrió  la habitación. Los sentimientos de los demás padres se trastocaron ante la escena vivida. Las lágrimas acudieron a los ojos de todos y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo telepáticamente, casi al unísono, nos fuimos acercando al matrimonio, rodeándolos para darle ánimos, cariño, comprensión… Esa gran carga negativa  de la mala noticia descansaba ahora sobre  mas pilares, compartiendo así sentimientos agenos. Empezamos la  espera cada pareja en lados opuestos y tuvo que acudir la señora desgracia para hacer que nos uniéramos, viviendo todos en compañía de extraños, la reacción producida por las malas noticias.
Así es como tenia que haber pasado y es como sucedió excepto el desenlace. Esa mala noticia para los padres del fondo y el llanto desesperado y atormentado de la madre, nos conmovió a todos los presentes, pero la realidad fue otra. Todos tragamos saliva y contuvimos las lagrimas y desde luego reprimimos el deseo de acompañarles en tan malas circunstancias, teniendo en mente única y exclusivamente el deseo de no correr la misma suerte que estaban experimentando ellos. En el fondo de nuestros corazones aplacamos la necesidad de liberarnos y acompañar al necesitado en esos momentos tan delicados, aunque sean desconocidos. Unas palabras de aliento, un abrazo, simplemente estar, ya es mucho. Sin embargo nos queda dar ese paso. Las ganas al igual que la indecisión ya las tenemos.