ASCENSOR INTELIGENTE
–Bienvenido. Indique la planta a la que desea ir.
Esta frase hecha, la digo cada vez que transporto a una persona. Soy
un ascensor de última generación. Me
consideran el más moderno y sofisticado del mercado. Poseo grandes ventanales
con vistas al exterior, una buena iluminación y un mecanismo de altavoces y
micros por los cuales me puedo comunicar. En el panel de control, solo tengo un
botón para emergencias, puesto que me han fabricado con inteligencia, puedo
escuchar y hablar. Eso sí, no logro comprender una cosa, ascensor es una
palabra masculina, como así me siento. ¿Por qué me habrán diseñado con una
sensual voz femenina? Es curioso, cada vez que hablo me siento atraído por mi
misma voz. Al igual que un señor, a quien he intentado transportar hoy.
Abro la puerta, le doy la bienvenida y le pregunto a que planta quiere
ir. Al escuchar la forma tan sexi que poseo a la hora de articular las
palabras, el pobre hombre se quedo sin habla. Empezó a sudar, sus ojos se
abrieron casi al punto de desprenderse de su cara y empezó a hacer unos movimientos
raros con las manos mirando a la cámara que tengo arriba, en la esquina de la
izquierda. Tras uno instantes sin respuesta por su parte, volví a preguntarle
de nuevo a que planta quería ir. Sus
movimientos de manos se volvieron más enérgicos, sin embargo, mi voz lo había
cautivado de tal forma, que seguía sin poder hablar.
Tras unos minutos, se
dirigió al panel de control y empezó a pulsar el timbre de alarma. Al principio
de forma constante, después sentí que iba a atravesar el pulsador con su dedo,
de la potencia que imprimía sobre el botón.
Se volvió de nuevo hacia la cámara y empezó una nueva tanda de
movimientos de manos, pero esta vez me parecían desesperantes.
Yo no podía comprender la acción que se estaba desarrollando. A mi
también me gustaba mi voz, pero no tanto como para perder el habla. En ese
mismo instante llame a seguridad. Como soy inteligente, creí oportuno hacerlo.
Acudieron inmediatamente, abrí las puertas y el pobre hombre se arrojo a los brazos de uno de ellos, su
boca intentaba formar palabras, pero de ella no salía nada mas que aire y sus
manos seguían con esos movimientos tan peculiares. El vigilante mientras que
intentaba separarlo de su cuerpo, le dijo gritando: ya ha pasado todo. Y su
compañero, no pudo callárselo y le replico: para que le gritas, no ves que es
sordo-mudo.
Entonces lo comprendí todo. Y pensar que había enmudecido por mi
sensual voz, no solo me equivoqué en eso, además era extranjero.
Creo que tardara en reponerse algo más que yo.
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