jueves, 19 de abril de 2012


ASCENSOR INTELIGENTE
–Bienvenido. Indique la planta a la que desea ir.
Esta frase hecha, la digo cada vez que transporto a una persona. Soy un ascensor de última  generación. Me consideran el más moderno y sofisticado del mercado. Poseo grandes ventanales con vistas al exterior, una buena iluminación y un mecanismo de altavoces y micros por los cuales me puedo comunicar. En el panel de control, solo tengo un botón para emergencias, puesto que me han fabricado con inteligencia, puedo escuchar y hablar. Eso sí, no logro comprender una cosa, ascensor es una palabra masculina, como así me siento. ¿Por qué me habrán diseñado con una sensual voz femenina? Es curioso, cada vez que hablo me siento atraído por mi misma voz. Al igual que un señor, a quien he intentado transportar hoy.
Abro la puerta, le doy la bienvenida y le pregunto a que planta quiere ir. Al escuchar la forma tan sexi que poseo a la hora de articular las palabras, el pobre hombre se quedo sin habla. Empezó a sudar, sus ojos se abrieron casi al punto de desprenderse de su cara y empezó a hacer unos movimientos raros con las manos mirando a la cámara que tengo arriba, en la esquina de la izquierda. Tras uno instantes sin respuesta por su parte, volví a preguntarle de nuevo a que planta quería ir.  Sus movimientos de manos se volvieron más enérgicos, sin embargo, mi voz lo había cautivado de tal forma, que seguía sin poder hablar.
Tras unos minutos, se dirigió al panel de control y empezó a pulsar el timbre de alarma. Al principio de forma constante, después sentí que iba a atravesar el pulsador con su dedo, de la potencia que imprimía sobre el botón.
Se volvió de nuevo hacia la cámara y empezó una nueva tanda de movimientos de manos, pero esta vez me parecían desesperantes.
Yo no podía comprender la acción que se estaba desarrollando. A mi también me gustaba mi voz, pero no tanto como para perder el habla. En ese mismo instante llame a seguridad. Como soy inteligente, creí oportuno hacerlo. Acudieron inmediatamente, abrí las puertas y el pobre hombre  se arrojo a los brazos de uno de ellos, su boca intentaba formar palabras, pero de ella no salía nada mas que aire y sus manos seguían con esos movimientos tan peculiares. El vigilante mientras que intentaba separarlo de su cuerpo, le dijo gritando: ya ha pasado todo. Y su compañero, no pudo callárselo y le replico: para que le gritas, no ves que es sordo-mudo.
Entonces lo comprendí todo. Y pensar que había enmudecido por mi sensual voz, no solo me equivoqué en eso, además era extranjero.
Creo que tardara en reponerse algo más que yo.

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